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¿Cuanto dura un duelo?
Textos de acceso libre
¿Cuanto dura un duelo?
Dra. Marta Gerez Ambertín

¿Dos semanas, cinco meses, tres años… toda una vida? ¿Es posible poner fecha de vencimiento a la congoja?

Para Freud y Lacan el duelo deja siempre un hueco incurable que sólo se va velando según los recursos simbólicos y los tiempos de cada deudo.

Cuando muere su joven hija Sophie escribe Freud que esa muerte le dejó "una herida amarga e irreparable" (Carta a Ferenczi del 4/2/1920). Poco tiempo despues fallece su nieto de sólo 4 años. El gran viejo afirma que esa pérdida lo afectó de modo distinto a todas las otras sufridas; si aquellas le habían causado mucho dolor, la de su nieto, en cambio, mató algo en él.
Pese a esas heridas incurables, pese al cáncer, pese a la barbarie fascista que se apodera de Europa, las obras más importantes las escribe de 1930 a 1939.

"Aunque sabemos que después de una pérdida así el estado agudo de pena va aminorándose gradualmente, también nos damos cuenta de que continuaremos inconsolables y que nunca encontraremos con qué rellenar adecuadamente el hueco, pues aun en el caso de que llegara a cubrirse totalmente, se habría convertido en algo distinto. Así debe ser. Es el único modo de perpetuar los amores a los que no deseamos renunciar" (Carta a Binswanger del 12-04-1929).

Estos testimonios y otros textos permiten complementar y ampliar su afirmación en "Duelo y melancolía" (1915) donde propone una salida al duelo por el camino de la "sustitución de objeto perdido". Así amplía y rectifica esa propuesta ya que:
a) Toda muerte de un ser querido nos deja inconsolables.
b) Nunca encontramos con qué rellenar el hueco que deja la partida de un ser querido
c) En caso de cubrirse el hueco (aquí la paradoja), se convierte en algo distinto y nunca se recubre del todo. El duelo deja un saldo incurable.
d) Ese algo distinto es la única manera de perpetuar los amores a los que no deseamos renunciar; ese "algo distinto" hace que nuestros muertos se inscriban en nuestra matriz identificatoria, nuestros síntomas, y en la manera de ser y hacer de cada deudo. El muerto abonará nuestros síntomas. El hueco que deja es incurable, sin suturas. La vida no es sin pérdidas.

La muerte y el lazo con los muertos no es sin consecuencias en la continuación de la vida del deudo. Los amados que han partido dejan un hueco, se llevan parte importante de nuestras vidas y las marcas de las pérdidas se inscriben en ellas. Por tanto, no hay tiempo de vencimiento del duelo, la herida que no puede cerrarse acompaña siempre y cada sujeto responderá con su peculiar manera de tramitar el duelo.

Lo que sí sabemos es que el sujeto que ha perdido precisa, para hacer sus ritos privados, ser reconocido, en eso que tramita, en lo público. Nada más traumático que negarle a un deudo el dolor que su "muerto" le provoca, nada más desalmado que "ningunearle" o invisibilizarle supadecimiento. Nada más torturante que imponer una fecha de fin del duelo.

Hay diversas maneras de responder a un duelo. Posiblemente la más conocida sea la melancolía en la que el duelante queda aplastado por el trauma de la pérdida. Pero hay otras de las que resaltaré el "duelo como acto" al que Lacan llama "el aspecto fecundo del duelo". El sujeto no es aplastado por el trauma de la pérdida; muestra su dolor y hace sus ritos en relación al muerto (el color y estilo de su vestimenta es uno, las maneras de referirse a su muerto, otro)… se ubica en el mundo en la dimensión del acto.

¿Qué quiere decir duelo como acto? Que el duelante se enfrenta a la inconsistencia del mundo que jamás ofrece garantías (la muerte es lo que mejor lo expone) y muchos de sus movimientos son un acto lleno de coraje. El sujeto sufre una transformación: deja de lado la incertidumbre subjetiva a la que es tan proclive la subjetividad y se torna sumamente creativo. Fecundidad del duelo como acto que se acompaña, sin embargo, de muestras de dolor por la herida que no cierra.

Y es que la ardua tarea del duelo consiste en mantener y sostener minuciosamente los lazos vividos con el muerto querido, honrar su memoria aun con muestras de dolor pero acompañadas de actos de coraje.

Hay un tiempo del duelo, un tiempo que Lacan y Freud y toda la tradición occidental con ellos, consideraron necesario respetar, un tiempo que cada quien dedicará, como pueda, a su tramitación.

Ese tiempo no tiene fecha de vencimiento como no la tiene el verdadero amor. Los que hemos perdido, los que inevitablemente perderán seres amados exigimos y necesitamos el valor de respetar, incluso de parte de nuestros contendientes, ese tiempo. Pretender la invisibilidad del duelo es pretender la invisibilidad de la muerte, de lo perecedero, de la enfermedad; en suma, de la fragilidad de nuestra humanidad.

En toda intimidad habita un cementerio de seres amados a los que no dejamos de ofrendar algo valioso de nosotros pues somos en tanto sostenidos por ellos que, incluso cuando pudieran ser sustituidos, han dejado su marca indeleble, el hueco insubsanable transformado en algo distinto, eso que, muchas veces, da al duelante una fortaleza inesperada.

Reconozcamos lo que el duelo posee de incurable y el dolor que conlleva; pero también, los recursos de su tramitación para que la vida, a pesar de lo perecedero, sea un poco posible.

¿Cuánto tiempo dura un duelo? acaso toda la vida, pero eso no hace necesariamente del deudo un desvalido. Esa congoja siempre al acecho del menor atisbo de un perfume, un color, una palabra, un gesto, muchas veces puede potenciar nuestros actos más audaces… la memoria del muerto lo merece.

Por eso mismo nadie debería impedir esa memoriación ni las necesarias lágrimas que la memoria del muerto suscita.

Paradojas del incurable duelo… mostrarlo a cielo abierto es, acaso, una de las mejores muestras de fortaleza del deudo; acompañarlo, una de las mejores muestras de "salud mental" y solidaridad de la sociedad en la que vive.

 
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