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Yo estuve allí
Gustavo Dessal

Así fue. Yo estuve allí, el pasado sábado 29 de noviembre, en el Centro de Conferencias Méridien Étoile, donde tuvo lugar el segundo Forum des Psys, la plataforma de combate contra la enmienda Accoyer. Es posible que este diputado de la Asamblea Nacional, al parecer bien conocido por su declarada homofobia, no haya soñado jamás con conquistar la celebridad que los medios franceses le han proporcionado en las últimas semanas, y menos aún imaginado que su proyecto iba a encontrar a un contrincante llamado Jacques-Alain Miller, capaz de movilizar a la opinión ilustrada, a una buena parte de la intelligentzia francesa, y a un nutrido grupo de representantes y miembros del mundo psy.

Prestemos atención a la táctica desarrollada por Miller, porque de ella los analistas podemos extraer una enseñanza. Sencilla, pragmática y veloz, su respuesta a la enmienda ha consistido en poner en pie de guerra a toda una comunidad a la que confiere consistencia bajo el significante psy, significante que JAM no duda en emplear con gran astucia.

¿Quién es, en este contexto, y a los fines de esta batalla política, un psy? Sencillamente, cualquiera que acepte reconocerse bajo este significante. Eso basta, por el momento, para pertenecer al conjunto de la comunidad psy. ¿Los analistas revueltos con los conductistas, los cognitivistas, los psicoterapeutas de cualquier orden y bandera? ¿Qué pueden tener en común los discípulos de Lacan con los descendientes de Watson? Nada, salvo el hecho de estar bajo el punto de mira de una ley que no sólo amenaza las libertades individuales y profesionales, sino que ataca la noción misma de sujeto, en el sentido clínico y ético del término.

La extraordinaria eficacia que Miller obtiene con la creación de un frente amplio e irrestricto de psys se apoya en el hecho de no titubear a la hora de comprender que el peligro es infinitamente más importante que las diferencias teóricas y epistémicas entre el psicoanálisis, la psicología y la psicoterapia, diferencias que estratégicamente se desplazan a un segundo plano para privilegiar la urgencia de una respuesta colectiva.

El sábado, con tan sólo un retraso de quince minutos sobre la hora prevista, comenzó la primera secuencia de intervenciones con el discurso de Philippe Sollers, quien evocó, entre otros, a Heidegger y su posición frente a la técnica, exhortando a los analistas a resistir al ataque de la tecnocracia.

Rolland Castro, presidente de V.L.R. (Vive la Revolution!), introdujo el humor sagaz -y a la vez cierto- al proponer que la maldad era un enemigo más fácil de vencer, puesto que es identificable, mientras que la gilipollez (connerie, boludez) es una cuestión mucho más seria y preocupante, porque no siempre se distingue a primera vista.

Judith Miller sugirió que los políticos preocupados en proteger a los pobres ciudadanos de los posibles estragos causados por psicoterapeutas inescrupulosos o charlatanes, no deberían olvidar que en todas partes se cuecen habas, como por ejemplo en la Santa Madre Iglesia, sin ir más lejos, donde un buen número de sus ministros no se caracterizan precisamente por su santidad en materia de comportamientos sexuales. Anunció la creación de una nueva asociación, que se llamará V.L.P., Vive la Psychanalyse!, para proteger a los analistas de los abusos del Estado.

La actriz Marie-France Pissier, una figura significativa en el mundo artístico e intelectual francés especialmente invitada por Jacques-Alain Miller, invocó la importancia que para ella había tenido el psicoanálisis, aunque no haya sido nunca analizante.

Bernard-Henri Lévy aportó un tono vibrante y cargado de emoción al comenzar su discurso rindiendo un homenaje a Freud y Lacan como aquellos que le permitieron afrontar el coraje de pensar. Advirtió sobre el procedimiento "mafioso" de Bernard Accoyer, quien afirmó recientemente que el psicoanálisis no estaba en el punto de mira de su enmienda, lo que constituye sin duda una denegación y un intento de crear una división en el mundo psy. Henri Lévy propuso una declaración de siete principios analíticos:

1) el analizante no es un "usuario" del psicoanálisis;

2) el analista no tiene lugar (en el mismo sentido en que Lacan consideraba a Sócrates, como un referente "atópico");

3) la situación analítica no admite la presencia de un tercero (de un evaluador);

4) no hay una curación estándar;

5) no hay técnica, en contraposición al tecnicismo que promueve la post-modernidad. La recopilación de textos freudianos bajo el epígrafe de Escritos Técnicos, y su tratamiento por Lacan en su Seminario I, vendrían a demostrar, en definitiva, precisamente eso: no hay técnica;

6) existe lo incurable, y todo discurso antitotalitario debe partir de este principio;

7) existen otros medios de formar a un terapeuta que no necesariamente deben implicar la medicina o la Universidad. "El psicoanálisis puede morir", previno el filósofo, invitando a la reflexión y a la conciencia de que nadie que ame el psicoanálisis puede desentenderse de lo que está ocurriendo.

Christian Charrière-Bournazel, abogado, analizó la enmienda desde el punto de vista jurídico, destacando su carácter anticonstitucional y restrictivo de las libertades profesionales y ciudadanas.

Jean Claude Milner, lingüista, introdujo una conceptualización del problema que produjo un apasionante desplazamiento del debate: de una legítima preocupación corporativista y gremial, la conversación se focalizó sobre el trasfondo político e ideológico del informe Cléry-Melin y su adalid Accoyer.

Milner se refirió a la "nueva barbarie", calificando así la siniestra alianza post-moderna entre el cientificismo y el management, la combinación de la medida supuestamente científica y el cálculo del beneficio. Esa alianza da a luz al monstruo de la "evaluación". El tercer término de esta díada es la propia Administración, a través de la figura del comisionado, el funcionario al que se encomienda la tarea de evaluar un funcionamiento con el propósito de "proteger" el bien común.

Posteriormente, y animando la segunda parte del debate el periodista Jean-Pierre Elkkabach, se produjo una tensa discusión entre Alain Coulomb, director de la ANAES (Agencia Nacional de Acreditación y de Evaluación de Salud), Jean-Michel Fourgous, diputado UMP de los Yvelines, y Jacques-Alain Miller, quien puso de relieve el carácter reaccionario y a la vez delirante de la ANAES.

En suma, toda una lección de claridad política y elegancia oratoria, de capacidad de reacción y compromiso ético que deben servirnos como estímulo para no quedar desprevenidos ante una amenaza que ahora sobrevuela el país vecino, pero cuya sombra puede atisbarse ya en nuestro propio horizonte.

Difundido por EOL-POSTAL el Jueves 4 de Diciembre de 2003

 
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