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Polémicas - El psicoanálisis hoy
La decadencia del deseo del analista
Horacio G. Martinez

La escena de un film de hace unos años atrás, vuelto a ver por la televisión hace poco, iluminó para mí un camino posible para pensar un aspecto que puede estar funcionando como causa de los recientes ataques al psicoanálisis. En la escena que rememoro vemos a un terapeuta, abrumado tras su escritorio, como acorralado por un paciente que ya ni siquiera le habla de su malestar, sino de los modos extraños, estereotipados, con los que busca desesperadamente librarse de él. En un silencio de su paciente, silencio que parece reclamar una respuesta, el terapeuta toma una lapicera, escribe algo sobre un pequeño papel, y sin mirarlo a los ojos comienza a hablarle de una medicación que, cree, podrá ayudarlo con su sufrimiento.

Sin proponérselo, el director del film nos muestra ese instante preciso en que un terapeuta deja de apostar al poder de la palabra, y sintiendo que sólo cuenta con él mismo para hacer frente a las demandas del paciente, recurre, desesperado, a algún objeto mediador que lo salve de la impotencia.

En la "Psicoterapia de la histeria" Freud escribe lo siguiente: "Las manifestaciones más importantes aparecen a veces – como princesas disfrazadas de mendigas – acompañadas de la siguiente superflua observación: ‘Ahora se me ha ocurrido algo, pero no tiene nada que ver con lo que tratamos. Se lo diré a usted, sólo porque lo quiere saber todo’".

Éste era el anhelo que parecía guiar a Freud en los encuentros con sus pacientes: saberlo todo. De la imposibilidad del cumplimiento de ese anhelo surgen tres cosas: una teoría que buscará dar cuenta tanto de lo que se puede saber como de la existencia de un resto de saber sin sujeto que lo porte (= el inconsciente); una técnica que buscará la expresión verbal de ese saber no sabido; y un deseo capaz de sostener la empresa: "el análisis sigue su curso, sin vanagloriarse de los momentos de bienestar ni preocuparse de los períodos de agravación", agrega Freud unos párrafos más adelante, en el texto citado.

Freud inaugura así un nuevo deseo, que permite, a partir de allí, la existencia de una figura, la del analista, capaz de sostener su acción en la medida en que ese deseo lo alienta.

Cualquier labor humana requiere de un deseo que sostenga su existencia. Sería inconcebible, por tomar un ejemplo, suponer que el trabajo de escritura de una novela como "El Quijote" no estuvo posibilitado por un poderoso deseo que habitaba en Cervantes. ¿Cómo, si no, realizar semejante tarea? Cada nueva acción humana traza un surco detrás del cual es posible que otros se encaminen. Como en el caso de la novela, también en el psicoanálisis ese surco lleva las marcas de su creador.

El psicoanálisis fue, también, una apuesta: la de suponer que, más allá de los criterios de la psiquiatría, a la que Freud definía como "descriptiva y clasificadora, de orientación aún más somática que psicológica, y carente de posibilidades de explicación de los fenómenos observados" ("Psicoanálisis y Teoría de la libido"), podría existir otra disciplina que aportara un recurso para comprender los padecimientos psíquicos devolviéndole al enfermo un papel activo respecto a su padecer y a su curación.

Pero un deseo no es lo mismo que un ideal: el primero alienta, mientras que el segundo abruma. Muchos terapeutas se han propuesto "ser como Freud", ubicándolo en el lugar del ideal, y a partir de allí no han dejado de oscilar entre la omnipotencia fantaseada y la impotencia abrumadora.

Finalmente, han reaccionado con odio ante lo que ellos mismos construyeron como una suerte de superyó, y una de dos: o arrojan a Freud y al psicoanálisis a la basura, o salvan a Freud como una especie de genio fulgurante y único, una "excepción", pero arrojan al cesto de los desechos a una técnica que consideran imposible.

Presupongo que buena parte de las críticas (me refiero sobre todo a las que han aparecido en algunos medios locales, como la revista Noticias de hace unas semanas atrás) provienen de "freudianos renegados" que han confundido deseo con ideal, ética con superyó, y han buscado ahorrarse el precio de un análisis personal en el cual, quizá, algún deseo hubiese tenido la oportunidad de ser reconocido.

 
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