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Textos de acceso libre
Una mirada introductoria y plural destinada a docentes y también a los alumnos que se inician en las universidades
Héctor Mauas

Leer. (Inscribir lo posible en lo inevitable.)
"… el compromiso de permanecer en el mismo
sitio pase lo que pase, conlleva la promesa de
una mentira."
Jean-Claude Milner.[1]

0. Antes y después, pero no sin variaciones.
0.1. El versículo 41 de los "Fragmentos de un Evangelio apócrifo" que Jorge Luis Borges, previsiblemente, se limita a recoger en "Elogio de la sombra",[2] dice así: "Nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra la arena…"

0.2. Ingeniería borgesiana: en un texto, la escritura es aquello que lo edifica, sosteniendo su futura nada sobre caracteres que deben asumir una apariencia y una estructura de piedra.

0.3. Leer es la operación inversa, inventada por Borges: leer es convertir en arena –arena renovada- lo que fue necesariamente petrificado.

0.4. La piedra es ilusión y la lectura es descubrir, no sin horror, no sin alivio, que nada hay que no lo sea.

1. Escisiones.
1.1. Freud, en torno a la escisión del sujeto, y haciendo explícita referencia a las teorías sexuales infantiles, -que no desaparecen ni se modifican por efecto de contrastación con lo real-, advierte que el niño se comporta como el salvaje evangelizado que, si bien públicamente abraza el nuevo dogma, por otro lado continúa adorando en secreto a los viejos dioses desplazados.

(La educación sexual no logra reunificar en Uno, a ninguno.)

1.2. Esta fractura en el saber, saber-sexual en este caso (y que se revela, así, heterogéamente construído), está también presente en las herramientas que lo forjaron. Por lo tanto, la fractura como tal no es ajena a otras operaciones sociales que apuntan a la normalización. Y, al menos como sospecha, lo mismo cabe ubicar en cualquier producto obtenido por medio de toda educación, hasta el punto de concebir, en el cuerpo mismo de la intervención educativa, la presencia de formación reactiva como mecanismo indispensable.

1.3. Sin ir más lejos, es un hecho que, en alumnos que se lanzan a leer-lo-contenido-en-un-texto, el producto de lo así leído se aloja en la piel, en un visible espacio público de corrección-político-teórica y esta lectura coexiste con otras, que, alternadamente, tanto se ocultan como aparecen. Coexisten, además y por lo tanto, sin haberse modificado ni modificarse tampoco las unas a las otras.

Permanecen mudas, habiendo sido leídas sin necesidad de leer –demostración de que la alfabetización puede profundizar la ignorancia-.

2. Los viejos dioses no han muerto, sino que…
2.1. Los viejos dioses permanecen. Conservan su sitial, intocado, al módico precio de vestir según lo dicte la moda del pensamiento atildado, amplio, fácilmente democrático. Escuchar cualquier cosa les permite no escuchar nada. (La universalización a sola firma como lubricante de la circulación social).

2.1’. Estar alfabetizado no equivale a estar abierto a la lectura. La alfabetización persigue la normalización de la ignorancia. Hipnosis con letras, en función teatral continuada.

2.1’’. La lectura textual es una lectura compatible con la sordera y que no hace otra cosa que extender los límites de la sordera. Sordera a la moda, sordera corregida, sordera autorizada, sordera ilustrada (de algún modo, ya Barthés se refiere a esto con su concepto de grado cero de la escritura).

2.2. Con las letras y el lenguaje ocurre lo mismo. Recordemos que los niños creen que los padres les leen el pensamiento, aún no saben que el pensamiento no nace, no es obstétricamente viable, hasta que es formulado por la palabra en boca de otro, palabra esta que los cruza y los determina.

Los lingüistas postulan que somos hablados por el lenguaje. No leemos, sino que somos leídos y, en consecuencia, la lectura tiene un efecto más que formador, causador (formador: palabra políticamente-correcta, en el lenguaje light de algunas pedagogías).

Jacobson, transcripto por Barthes, puede sostener que "un idioma se define menos por lo que permite decir que por lo que obliga a decir".[3]

2.3. La lectura no es tampoco consideradamente democrática ni bien-educada con el lector. Es poderosamente influyente y, en todo caso, ejerce un influjo demoníaco-posesivo, un influjo no-paradigmático ni completamente determinable en cuanto a la naturaleza de su causación. Como signo, como efecto productor de subjetividad, es en ese espacio donde iremos viendo qué y quienés somos.

3. Los lectores ocultos.
3.1. Algunos autores se interrogan acerca de la posibilidad de existencia singular dentro de un espacio semiótico. Para ello, un espacio que no es puramente creativo deberá advenir, al menos, re-creativo, y estar en condición de alojar algo de productivo, pese a provenir de un origen esclavo del que es producto pasivo. Barthés, tanto tiempo en busca de la libertad interpretativa, distingue, por ejemplo, entre texto "escribible" –lector que reinterpreta, modifica, y se desprende del axioma que reza "Todo está escrito ya"-, y texto "legible": todo texto que es sólo leído, texto para sordos.

Ricardo Piglia: su libro se titula El último lector[4] y no "El último escritor". La literatura de vanguardia está en la lectura y no en la escritura (se apropia de Borges-el-Lector, que creó la ficción como posición del intérprete, ficción que no depende de quien la construye sino de quienes habrán de leerla). En el mismo sentido piensa Gerard Genette: una literatura difiere de otra menos por el texto que por la manera de ser leída: si nos fuera otorgado leer cualquier página actual como la leerán en el año 3000, sabríamos ya cómo será la literatura del año 3000.

3.2. G. Deleuze, creador del uso nómade para pluralizar y segmentar, se vincula con la pintura y a partir de allí introduce el concepto de cliché pictórico: todo lo que habita en la tela aparentemente blanca y que precede al acto mismo de pintar. Pintar es deshacer los peligros que pesan ya-y-siempre sobre la tela en su condición prepictórica. Una suerte de grado cero de la pintura.

¿Habrá pre-textos anteriores a la lectura, también? ¿Leer será, también, desalojar en el texto? La lectura, entonces, pone de manifiesto -y esta acaso sea su dificultad inevitable y propia- el lleno-de-clichés del que se parte y el blanco de la página queda ubicado en el futuro, en el espacio abierto al que tal vez se llegará.

3.3. Lectura: operación de limpieza y puesta-en–evidencia de los prejuicios. El joven Jacobson proyectaba la creación de conciencia mediante mecanismos literarios que volvieran a hacer que el mundo sea extraño.

4. Desalojar, recuperar.
4.1. Pintar: la mano liberada de toda sumisión al ojo. Leer: ¿ruptura de las relaciones entre ojo y texto?

Hay textos de contenido temático psicológico que pueden ser leídos como literatura mal escrita y textos ficcionales que pueden ser leídos como tesoros de conceptos psicológicos. El hacer leer textos legibles y centrados en un tema no necesariamente produce efectos-de-lectura. Leer no es tanto leer a otro como leerse en el otro.

4.2. Esta posición centrada en lo textual –leer lo legible-, llevada a un extremo, es dogma adecentado: pretende convertir este rasgo de leerse en el otro (en realidad, en el Otro, en los muchos otros del tesoro multiforme de lectores), en leer a otro: una lectura sin lectores. Se supone, así, la preexistencia de ese otro, autor, cualquiera, respecto de la lectura y, en consecuencia -y le guste o no le guste- esta posición secretamente cree en Textos Sagrados, y así los hace leer. ¿Qué ocurre cuando no se tolera la lectura como productora?

5. Desencuentros entre escritura y lecturas.
5.1. Escritura y lectura no son operaciones complementarias, ni parejas ni nunca lo fueron. Más bien, las relaciones entre ambas son testimonio de los fallidos intentos de reencuentro.

La sola existencia de la lectura como operación independiente es prueba del carácter pasajero de todo lo escrito; la lectura, siendo que ocurre siempre en presente, cuando aparece y cada vez que aparece a través de algún lector cualquiera, es la mensajera de la muerte –leyendo, los textos son enviados al pasado-. Por lo tanto, como condición de posibilidad, para escribir es necesario situarse en el terreno mismo de la insuficiencia de la letra y del orden que establece.

5.2. Para leer, también hay que ubicarse allí, en ese páramo. El peligro del lector es el furor legendi y lleva a la ceguera frente a los abismos y, sobre todo, a la desdeñosa ceguera frente a los huecos pequeños.

El hablante no es primariamente hablante, sino hablado. No se tiene ninguna facultad de hablar, sino que no se puede dejar de tenerla. Así, entonces, tampoco es que se lea, sino que no se puede parar de leer, leyendo incluso y sobre todo donde no hay nada escrito. Donde no hay texto, el hombre lo pone. Linguísticamente, el hombre es creyente, porque no puede dejar de su-poner texto, alguno, cualquiera.

La sordera del que quiere oír, entonces. ¿Se podrá escuchar más allá del signo, se podrá intentar una lectura despegada del texto, excéntrica?

Modesta parsimonia en la lectura, entonces; y no todo es significante, son territorios abiertos por Jacques Lacan y equivalen a introducir lo real, que no cesa de no escribirse (lo real no se lee). En consecuencia y, si cabe la expresión, se pone en evidencia la dificultad para mantener una esforzada inspiración para construir posiciones de apertura frente a lo real, indeterminadas, apuntando al encuentro que, de producirse, es contingente y no produce efectos de captura (conocimiento). Algunas citas del seminario De un discurso que no fuera del semblante: "… la verdad no progresa más que a través de una estructura de ficción, que es propiamente la esencia misma del lenguaje, que puede producir algo que no se sabe qué es." O esta otra, en la que dice que se trata "de puntualizar que nuestro discurso, nuestro discurso científico, solo encuentra lo real por cuanto este depende de la función del semblante. La articulación, quiero decir algebraica, del semblante –y como tal no se trata más que de letras- y sus efectos, cosntituye el único aparato mediante el cual designamos lo real. Lo que es real agujerea este semblante articulado que es el discurso científico. El discurso científico avanza sin siquiera preocuparse por si es o no semblante. Se trata solamente de que su red, su malla, su lattice, como se dice, haga aparecer los buenos agujeros en el buen lugar. No tiene más referencia que el imposible desembocan sus deducciones. Este imposible es lo real."[5]

Los intentos por conocer lo real equivalen a querer alfabetizar lo real, hacerlo confesar, obligarlo a delatar su presencia poniéndole una lapicera en las manos. Tal vez la hermenéutica bíblica (cabalística) pueda ser concebida de idéntica manera, como el intento de capturar la naturaleza divina o su naturaleza real, a través de una red de signos que permitirán una vía de acceso a lo real (los signos como causantes directos e inmediatos de lo real). Hasta hoy, la realidad y Dios son analfabetos irrecuperables, fugitivos atemporales sin memoria.

6. Pequeña genealogía de la lectoescritura.
6.1. De acuerdo a la postura nietzscheana, en todo origen se oculta un núcleo heterogéneo, compuesto de contingencias ajenas, fuerzas en pugna y métodos de dominación, que, para el caso de la bestia-hombre, Nietzsche ubicó en el concepto de domesticación como constituyente mismo de la cultura. Queda abierta una interpretación genealógica de los signos sociales.

6.2. La letra con sangre entra, -esto se ha practicado-. Por lo visto, en la entrada de la letra se juegan cuestiones cuya importancia autoriza el uso de lo sangriento, siempre antieconómico y resistido. La letra con sangre entra -se ha dicho- y púdicamente la cultura iluminista se ha horrorizado, pero es el método y sólo el método el causante de su horror, puesto que ha dejado el resultado en un aparte para que limpiar la sangre de los infantiles rostros deje finalmente a salvo el oro de la letra. La letra entra, pero fraternalmente y sin tormentos.

Lo cierto es que la letra entra a secas y hasta es sospechosa la facilidad con la que penetra en tanta dura cabeza. La letra es, de algún modo y en algún punto, el puente que permite la continuación de lo sangriento por otros medios. Lacan mediante, puede anotarse que todo proceso de centralización y de unificación está vinculado al discurso del amo; en este caso, valga como ejemplo, vinculado al establecimiento de las lenguas nacionales y la consecuente desaparición de los tozudos dialectos (¿será por este motivo que lo inconciente siempre perturba, siendo que Freud lo caracterizó como dialectal?). La alfabetización postiluminista, en cuanto a la entrada de la letra, está emparentada con la necesidad de dominio y normalización de las diferencias.

7. Tintas y borratintas.
7.1. La letra entra, está hecha para entrar. Su seductora inmaterialidad ya supone la preexistencia de un huésped que habrá de alojarla. La pregunta es, si la letra irremediablemente entra y sigue entrando: ¿no se empujan las unas a las otras?, ¿hay lugar?, ¿ese saber letrado, ocupa lugar? Y, una vez que ha entrado: ¿qué ocurre, se queda quieta, muerta, congelada?, ¿y, lo que es más importante, cómo sale la letra?

¿Es indeleble? Un clavo saca otro clavo, la letra con letra sale: he aquí uno de los axiomas fundacionales del interminable meta-y-ponga educativo.

7.2. A una misma letra se le puede dar diferente lectura –esto lo sabe cualquier sacerdote-. Una lectura nueva, una lectura diferente y, sobre todo, una lectura precisamente inédita, muestra que en algún sujeto se produjo salida de letra previamente ingresada. Alguien ha logrado desembarazarse de letras. La letra con sangre sale, trabajosamente.

7.3. En Piglia, en la misma obra citada anteriormente, la lectura puede entenderse como interpretación en el sentido musical del término. Interpretación es, así, la ejecución de una partitura a través de instrumentos, ejecución en la que necesariamente se introducen variantes, modos, estilos, tonos, pausas.

Esta idea pigliana está, a su vez, sujeta a interpretaciones y, según la ejecución que hemos adoptado aquí y ahora, resulta asimilable a lectura como ruptura de la hegemonía de lo escrito. La lectura, entonces, introduce diversidad en la unidad –una diversidad no-caótica-.

8. Los buscadores de la sagrada escritura.
8.1. Los representantes de toda-corrección salen a cazar letras consistentes, sólidas, repletas de mensajes y contenidos para tanto muerto de hambre que anda suelto. Aparecen las enciclopedias, los pesados y densos tomos, la obra completa, el texto con poder sobre la lectura, el texto que sólo admite un modo de leer, un texto que destruye la lectura en los alfabetizados y les encuentra por fin una patria sedentaria donde poder descansar.

No es un peligro menor, es constitutivo e inmanente a la lectura y, por lo tanto, está siempre presente. Baste recordar, por ejemplo, que incluso Heidegger el Nazi, el Cobarde -que anduvo coqueteando con la errancia del Ser que halla morada en el lenguaje poético- también tenía sus dioses secretos debajo de la piel, intocados por tanta letra escrita, dioses que reclamaron su reino cuando lo llevaron a sostener -doblemente además, por escrito y en su práctica cotidiana- que el Ser, por fin, hubo encontrado su casa en el idioma y en el proyecto del Tercer Reich -pequeña aletheia que ni siquiera le costó la vida-.

8.2. Sin tanta gravedad, esta clase de lectura, la que lee lo legible de un otro y, así, acumula un sinnúmero de otros, produce alumnos abúlicos, defendidos como los indígenas a quienes se les quiere alquilar el alma a cambio de que se confirmen en el proceso de evangelización. Alumnos que no saben aún que leerse en otros es desalojarse de los pre-textos, desalojarse de lo leído, descubriendo alegremente la capacidad de leernos los unos en los otros.

9. La vida fuera de los templos.
9.1. El sitio docente suele ser definido como mediador entre alumno y texto. Esto equivale a creer en un texto independiente del lector y que debe permanecer como invariante a la lectura. Acaso no sea así. La mediación debe permitir que aparezca el lector a través del texto.

9.2. El animal aprende mejor que el hombre, porque su desarrollo está enmarcado siempre y es impermeable a la parasitación. La menteanimal (así, todo junto) logra representar al mundo. La rata es realista por naturaleza. No lee y, por lo tanto, está libre del estigma del malentendido y la interpretación o, lo que es un equivalente, incorpora lo escrito.

9.3. Signos de fractura. La tozuda aparición de ignorancia y huecos en el proceso de saber, suele inquietar a los educadores, porque señala que en el alumno -incluso en el más estudioso- existe algo indócil que se aparta del proceso y hasta es capaz de leer y usar lo leído de un modo no-autorizado. ¿Acaso Lacan no se refiere también a esto mismo cuando formula que la Universidad necesita creer en un Autor del saber?

9.4. La educación está, desde su origen, atravesada por este conflicto y no es ajena a su práctica la presencia permanente de la tentación sacerdotal. Lo afirmado por Lacan tiene consecuencias que resultará conveniente presentar en paso de comedia: la Universidad esconde al Instituto de Adoratrices del Sagrado Texto. De algún modo, apunta al ordenamiento sacerdotal del alumno y, en consecuencia, promueve alumnos que son Adoradores del Texto, por un lado y, por otro, profundamente ateos en relación a la lectura que la Universidad dice promover.

10. De Babel al esperanto. Y nuevamente hacia Babel.
10.1. La sistematización de los efectos de semiosis –monosemia- tiende a la coagulación universal y aspira a la reunificación que haga cesar la condena babélica. Ni la universidad ni el discurso científico escapan a este ideal de formular la totalidad de lo existente en una lengua que sea connatural al proyecto y, aunque no existe el esperanto, se tiende a "esperantizar" la lectura. "Esperantizar" la lectura es la operación que consiste en inyectarle a un texto soportes -precauciones-. Cemento y acero, en el afán de hacer, con el texto en cuestión, un producto compatible y homogéneo respecto al universo de todos los otros textos, al precio de amputarle singularidad y diferencia.

Barthes, en El placer del texto, dice así: "… ese viejo espectro: la contradicción lógica; que mezclaría todos los lenguajes aunque fuesen considerados incompatibles; que soportaría mudo todas las acusaciones de ilogicismo, de infidelidad; que permanecería impasible delante de la ironía socrática (obligar al otro al supremo oprobio: contradecirse) y el terror legal (¡cuántas pruebas penales fundadas en una psicología de la unidad!). Este hombre sería la abyección de nuestra sociedad; los tribunales, la escuela, el manicomio, la conversación harían de él un extranjero: ¿quién sería capaz de soportar la contradicción sin vergüenza? Sin embargo este contra-héroe existe: es el lector del texto en el momento en que toma su placer. En ese momento el viejo mito bíblico cambia de sentido, la confusión de lenguas deja de ser un castigo, el sujeto accede al goce por la cohabitación de los lenguajes que trabajan conjuntamente el texto de placer en una Babel feliz."[6]

Allí mismo, en el momento de "cambio de sentido", queda ubicado un encuentro: la aparición de un lector.

10.2. Jean Allouch, en ocasión de los modos con los que se cita a Lacan, anota que no se lo puede citar –digamos que esto vale para todo citar- sin que la cita delate e implique singularmente una lectura, una posición de lector. Una vez más, entonces, citar es traducir. A lo mismo apunta J. Aleman ("Arqueología de la formación analítica") cuando desoculta el aristotelismo implícito en la pretensión de evitar la aparición de resto en la operación de dar forma a la materia.

10.3. Jacques A. Miller (Investigación sobre la temporalidad del Inconsciente)[7] lo expone así: "Están los amantes del saber expuesto, los eruditos, etc; y están los que gozan de beber en la fuente con un gusto, el gusto de hacer salir de uno mismo una secreción significante y con una validez epistemológica dudosa, porque cobra valor solamente en el contexto." Lectura perecedera, cercana al semblante.

10.4. Jacques Derrida, desde su planteo de la deconstrucción textual para ubicar a la escritura en un plano exterior a la trascendencia ("Nada hay por fuera de un texto"), concibe a la lectura como operación que reenvía a los textos a una totalidad siempre inacabada, nunca presente ni visible. Por lo tanto, es imposible la enmarcación de la escritura y son móviles las fronteras entre lo interior y lo exterior a un texto. En otras palabras, la lectura es un vector opuesto a la unificación.

Por el contrario, la lectura no aplana, sino que pliega y disemina.

11. Donde hay lectura, hay cisma.
11.1. Hay otros signos, pequeños signos que produce la lectura como ejecución: se le saca sonido al instrumento y aparece la alegría de leer. Estos pequeños sonidos auténticos rompen el ruido informe de lo masivamente incorporado.

11.2. Nuevamente Piglia, "Retrato del Artista"[8]: "Al mismo tiempo, los músicos contemporáneos comprueban y dicen lo que nadie sabe: que la cultura de masas no es una cultura de la imagen, sino del ruido. Por la ventana abierta del estudio de Gandini llegaban los rumores del mundo. Una confusa profusión de sonidos inarticulados, cortinas musicales, alaridos políticos, voces televisivas, sirenas policiales, anuncios de conciertos internacionales de rock and roll. (…) la creciente presencia de la cultura de masas como infierno sonoro." Renglones después, aparece una pintura verbal del espacio ganado a la proliferación ensordecedora: "… un pianista insomne busca, en la noche, los restos de una música que se ha perdido. Son siempre pasos en la nieve: marcas silenciosas en una superficie blanca: Allí se encierra el sonido de los sueños."

Proceso de subjetivación, podría decirse. Ejecutar y leer producen marcas en la superficie ruidosa, creando huellas y, por lo tanto, una tercera dimensión en el papel, papel hecho de nieve, efímero. Papel apto para albergar también la silenciosa ausencia de lo real, que no cesa de no escribirse.

11.3. Un poco más de arena de Borges, el multiforme, a propósito de la diversidad que introduce la lectura entendida como traducción y, en consecuencia, como traición. En su "Los traductores de las 1001 Noches", discurriendo acerca de la muy libre versión del Dr.Mardrus, anota: "Su infidelidad, su infidelidad creadora y feliz, es lo que nos debe importar." [9]

Leer es inevitablemente traicionar el texto, y traicionarlo así, es un modo de permanecer en una fidelidad abierta a lo que aún no devino escritura.

Buenos Aires, 2010

 

Notas

  1. Jean-Claude Milner: La arrogancia del presente, Manantial, Buenos Aires, 2010.
  2. Jorge Luis Borges: "Fragmentos de un Evangelio apócrifo", en "Elogio de la sombra". Obras Completas, Emece Editores, Buenos Aires, 1974, p. 1012.
  3. Roland Barthes: El placer del texto, Siglo Veintiuno de España Editores, Madrid, 2007, p. 53.
  4. Ricardo Piglia: El último lector, Anagrama, Buenos Aires, 2005.
  5. Jacques Lacan: El Seminario, Libro 18, De un discurso que no fuera del semblante, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2009, pp. 27-28.
  6. Roland Barthes: op. cit., p. 3.
  7. Jacques-Alain Miller: "III. Lo Real del Inconsciente. 1. Investigación sobre la temporalidad del Inconsciente" (1999), en Conferencias Porteñas, Tomo 3, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2010, pp. 135-174.
  8. Ricardo Piglia: "Retrato del artista", en Formas breves, Anagrama, Barcelona, 2000.
  9. Jorge Luis Borges: "Los traductores de las 1001 Noches. 2. El Doctor Mardrus", en "Historia de la Eternidad" (1936). Op. cit., p. 410.

 

Bibliografía

  • Alemán Lavigne, Jorge: "III. La formación del analista. 3. Una arqueología de la formación del analista", en La práctica analítica, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2003.
  • Barthes, Roland: El grado cero de la escritura. Seguido de Nuevos Ensayos Críticos, Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, 1973.
  • Barthes, Roland: El placer del texto, Siglo Veintiuno de España Editores, Madrid, 2007.
  • Borges, Jorge Luis: "Fragmentos de un Evangelio apócrifo", en "Elogio de la sombra". Obras Completas, Emece Editores, Buenos Aires, 1974, pp. 1011-1012.
  • Borges, Jorge Luis: "Los traductores de las 1001 Noches. 2. El Doctor Mardrus", en "Historia de la Eternidad" (1936). Obras Completas, Emece Editores, Buenos Aires, 1974, pp. 406-410.
  • Caruso, Paolo: "Entrevista de Jacques Lacan con Paolo Caruso a raíz de la publicación de Los écrits", en Conversaciones con Lévi-Strauss, Foucault y Lacan (1966), Editorial Anagrama, Barcelona, 1969.
  • Deleuze, Gilles: Pintura. El concepto de diagrama, Editorial Cactus, Buenos Aires, 2007.
  • Derrida, Jacques: De la gramatología, Siglo Veintiuno Editores, México, 1998.
  • Freud, Sigmund: "Tres ensayos de teoría sexual" (1905), en Obras Completas, Volumen VII, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1997, pp. 109-222.
  • Gennette, Gerard: "La literatura según Borges", en Borges, Editorial Freeland, Buenos Aires, 1989.
  • Lacan, Jacques: El Seminario, Libro 18, De un discurso que no fuera del semblante, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2009.
  • Milner, Jean-Claude: La arrogancia del presente, Manantial, Buenos Aires, 2010.
  • Miller, Jacques-Alain: "III. Lo Real del Inconsciente. 1. Investigación sobre la temporalidad del Inconsciente" (1999), en Conferencias Porteñas, Tomo 3, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2010, pp. 135-174.
  • Nietzsche, Friedrich: La Genealogía de la Moral, Editorial Alianza, Madrid, 1972.
  • Piglia, Ricardo: El último lector, Anagrama, Buenos Aires, 2005.
  • Ricardo Piglia: "Retrato del artista", en Formas breves, Editorial Anagrama, Barcelona, 2000.
 
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