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El falo en la cultura
Víctor Gutiérrez Olivares

Este trabajo fue premiado en el marco del
Concurso de contenidos de la Comunidad Russell (2003-2004)

El ateísmo deja de ser optimista para convertirse en trágico, su símbolo no es ya Prometeo, sino Sísifo
Nietzsche

¿Qué liga el arte al artista? ¿Qué enlaza la emoción estética a la forma En el libro El Banquete, de Platón; Aristófanes invitado de Agatón en el tema propuesto por él sobre el amor, el discurso de Aristófanes es muy distinto al de Eriximaco y Pausanias que le habían precedido, su intervención versa en llegar a conocer la naturaleza humana y sus vicisitudes, porque según él nuestra primitiva naturaleza no era la misma de ahora, sino diferente en la que existían tres géneros de los hombres, y no dos -masculino y femenino-, había un tercero.

Era el Andrógino una sola cosa, partícipe de ambos sexos; Tenía cuatro brazos e igual número de piernas, dos rostros semejantes en todo colocados en sentido opuesto a lo igual que sus genitales, una sola cabeza. Eran seres terribles por su vigor y fuerza por lo cual, atentaron contra los dioses quienes no podían darles muerte y extirpar su linaje.

Fulminándolos con el rayo de Zeus concibió una idea y dijo: "Me parece tener una solución para que pueda haber hombres y para que, por haber perdido fuerza, cese su desenfreno. Ahora mismo voy a cortarlos en dos a cada uno de ellos y así serán a la vez más débiles y más útiles para nosotros por haberse multiplicado su número ..."

Una vez separada su naturaleza humana en dos Zeus los diseminó por toda la tierra, añorando cada parte a su contraseña, al encontrar una de ellas se rodeaban con sus brazos y se enlazaban entre sí, deseosos de volver a su estado primitivo y estar unidos como antes muriendo de inanición en general, por no querer hacer nada los unos separados de los otros. De ahí que busque siempre cada uno a su propia contraparte.

De está manera, en tanto que el sujeto ($) queda constituido en la falta, y por la falta, por quererse igualar a los dioses, el sujeto tiene que vivir cuando se produce dicha separación, deseando encontrar la parte que lo complemente. El deseo queda del lado de la castración del lado de la falta, sólo se desea lo que no se tiene, de lo que se carece, de lo que se extraña. La satisfacción absoluta del deseo es imposible, porque éste sólo se sostiene en la insatisfacción.

Sin embargo, en ningún otro lugar, salvo el del amor, se encuentra lo que ordena la verdad del inconsciente marcando con su sello cada una de las representaciones que lo constituyen. Su nombre es falo(Φ).

El falo no es el pene, es el significante de eso que no hay; es lo que nos viene a representar, aquello que no existe, Lacan indica la noción del falo como: "significante del deseo". Nunca deja uno de desear, sólo estando muerto, de ahí de entender la terrorífica palabra unheimlich* que nos viene en principio como lo más agradable donde ya, no se desea, pero a la vez se convierte en lo más siniestro. Para Freud nada es más pavoroso, más siniestro que ver la imagen del propio deseo hecha realidad.

El hombre por lo tanto vive contraviniendo la cultura que él mismo fundo pues ha tenido que ceder ante su pulsión; funda un nuevo estatuto: la culpa el principio de placer da paso al principio de realidad a un más allá, Freud en El malestar en la cultura de 1929 menciona que no es la cultura la causa de la insatisfacción del deseo sino que, al contrario, es la insatisfacción del deseo, el motor de la cultura.

Se desprende entonces que la cultura por su estructura formal, intrínsecamente heterogénea se funda en el falo que es falta y fuente convirtiéndose de esta forma en falocentrica. Puntualizando en que el falo es el significante de la castración, de la carencia de lo que no hay, el centro; porque promueve, pone en movimiento, es condición de existencia de la cultura, engendrada por Poros y Penia.

El deseo del falo para el otro es representado por objetos imaginarios con valor fálico en un intento de sustituir la falta a través del poder, de atributos estéticos, de la inteligencia, del dinero, la danza, las artes, entre otras. El falo, referente del orden inconsciente, no puede asirse en un concepto, escapa por el corte de su unidad a toda inscripción. Es decir que no existe ni imagen ni texto del falo. Su único concepto es inconsciente: la castración. Es por esto, que lo único que el sujeto soporta es la división, estar en falta y por la falta.

El culto al falo es estructural, aparece en todas las culturas y ha estado siempre en unión permanente con las divinidades de todas las civilizaciones, es un símbolo que entre los primitivos adquirió poder curativo, instituyéndolo como tótem. Por ello no es raro encontrar en muchos pueblos representaciones fálicas incrustadas en las paredes de la entrada o en forma de esculturas, para proteger a sus habitantes contra el posible "mal de ojo" de los forasteros. Como por ejemplo entre los Akha, un pueblo del norte de Tailandia, para protegerse de los demonios al poblado, construyen en madera figuras de un hombre y una mujer listos para copular.

El culto al falo es una de las prácticas religiosas más antiguas que se conocen y probablemente estaba relacionada con el culto a la fertilidad, recordemos que cuando Zeus (Supra) "separó" al andrógino, también lo hizo con el fin de que se procrearan mayor número de hombres y así, rendir más culto a sus templos.

El falo aparece ya representado en las pinturas paleolíticas, por ejemplo en las cuevas de Altamira y de Lascaux. También aparece en el arte parietal levantino: en Cogull (Lerida) se conserva una pintura que representa una danza ritual de carácter fálico, en la que nueve mujeres bailan alrededor de un hombre totalmente desnudo con un gran pene. Así mismo, los menhires paleolíticos se han interpretado como representaciones megalíticas de penes.

En Trecia existía el culto a Priapo, hijo de Afrodita y de Dionisio; era representado como un hombrecito en actitud burlesca y provisto de un enorme pene, el cual pesa en una balanza. El otro plato de dicha balanza, contiene una bolsa repleta de monedas de oro, simbolizando no sólo el peso del pene, sino además, su valor y estima. A él se le rendía culto, en cuyo honor se celebraban grandes orgías fálicas.

En la antigua Roma, el culto fálico continuó. En las ruinas de Pompeya se han conservado numerosas representaciones fálicas, tanto en pinturas como en esculturas.

Críente fue otro adoratório de divinidades fálicas. La India es uno de los mejores lugares donde las representaciones fálicas se encuentran por doquier; el dios Siva era venerado como un pene erecto (el linga), a veces combinado con una representación de la vulva (el yoni). Incluso las torres de los templos indios son, a veces, representaciones colosales de un pene como ocurre en el famoso templo Lingaraja.

El menhir prehistórico o el obelisco historiado de un parque de Oslo Noruega son claramente representativos del pene que se mantiene erecto.

La erección del pene representa al padre primordial, el cual puede tener a todas las mujeres y acoplarse con ellas manteniendo esa erección que representa el poder de eyaculación permanente, sin llegar a la detumescencia, pues él es un ser completo que no desea, todo lo tiene, más sus hijos estigmatizados por darle muerte, por querer poseer a dichas mujeres siempre giramos en torno a buscar ese placer y deseo de la erección permanente, buscando de objeto tras objeto sin lograrlo, creando algo que represente lo que nos hace falta como sujetos incompletos, tachados por la ley, edificamos templos y disfrazamos nuestra carencia de poder absoluto haciendo representaciones en bailes, pinturas, esculturas; añorando: "eso que nos hace falta"

El exhibicionismo fálico se da en todas las culturas por la necesidad, en la cual el pene erecto o sus símbolos representan el poder y rango social, en algunas tribus son utilizadas estratagemas para simular un gran pene erecto.

El culto fálico se encuentra también en toda la república Mexicana en sus tradiciones, danzas, festividades, pinturas, ceremonias, entre otras. A la llegada de los españoles (1520), se maravillaron de dichas danzas en las cuales se representaban hechos épicos, históricos, sus creencias, y otros tantas más. Entre los bailes había uno muy curioso, que se encontró en uso en los pueblos mayas. Se plantaba un madero de quince o veinte píes, y de su punta se ataban treinta o más cordeles, según el número de danzantes, todos de pueblos diferentes. Cada uno tomaba la extremidad del suyo, y comenzaban a bailar al son de los instrumentos, cruzándose con tal destreza que hacían sobre el madero un hermoso tejido. En éste ejemplo de uno de tantos similares en el cual los danzantes bailan al compás del teponaztli o chirimia a un mismo paso que señala los cuatro puntos cardinales, se deja ver entrever el cuidado conque es envuelto el xócotl o tronco para "protegerlo" y así embellecerlo. El madero o xócotl vendría a representar el órgano sexual del dios que debe ser cuidado y adornado con mil colores.

Salió entonces Ezuauácatl con los prisioneros; mandóles poner un huéhuetl en medio, y a su música bailaron todos alrededor. Recomendóles después que muriesen como valientes, y subió al madero, en donde volvió a bailar y cantar. Enseguida se arrojó desde lo alto. La guerra en los pueblos prehispánicos tenía un significado místico, a la vez que morir en honor a sus dioses les prometía llegar a alcanzar un goce.

La décima veintena era Xocohuezti, y empezaba el 28 de agosto; significaba cuando madura la fruta, los sacerdotes levantaban con gran solemnidad y reverencia un madero Xócotl y lo enhestaban en el patio del templo. Ponían sobre el madero un gran pájaro hecho de masa de bledos, tzoalli, haciéndole su cabeza con pico dorado, las alas y la cola con plumas, a su rededor cuatro piñas, de la misma masa. Seguíase después la danza sagrada; formaban la rueda interior los mancebos y doncellas del Calmecac, y la exterior los señores y principales. Terminaba ésta una hora antes de ponerse el sol, lanzabance los mancebos a subir al palo xócotl, hasta que el primero llegaba a lo alto y arrancaba la cabeza del pájaro. Enseguida el pueblo derribaba el madero, y todos se lanzaban sobre él arrancándole un pedazo o astilla que, como reliquia, guardaban; teniéndose por muy feliz al que había alcanzado a tomar una pequeña parte de la masa del cuerpo del pájaro.

 

Conclusión

La cultura, como podemos ver, es significada en tanto falta que es la causa y efecto de una ley que tiene como significante al falo que es fundamento del orden simbólico, condición estructural para que haya sujeto que en tanto castrado vuelve eje a su insatisfacción. Foucault y Derrida hacen la distinción de la complementariedad que no puede existir porque nunca hablamos de sujetos iguales así mismos, más no diferentes, menos, aún idénticos, pero sí representables. Por lo que tendremos que distinguir también que la cultura es diferente de la civilización pues en la primera el hombre ejerce poder para modificar el medio; en la segunda sólo el que tiene el poder puede decir el estado de las cosas, la palabra es vuelta precentificación de la cosa; el deseo, entonces no es un anhelo, si no una nostalgia, por ello, el sujeto es evanescente por lo que tenemos que organizar nuestro mundo gramaticalmente. El hombre nombra para separarse de sí, esta estructura que nos subyace conocida como lenguaje, nos instalará siempre en la falta. La castración no es cortar nada, sino prohibir, por lo que buscaremos desde siempre el falo de objeto en objeto y de cultura en cultura.

 

Víctor Gutiérrez Olivares

México DF. Maestro en Psicología de la Educación - Perspectiva Psicoanalítica. Diplomado en Exclusión social y encierro. Profesor adjunto de Psicología Educativa y Psicología de la Infancia. Profesor del Area Criminológica, Instituto de Capacitación de la Procuraduría General de la República e Instituto Nacional de Ciencias Penales. Algunas publicaciones: "Trascendencia del pensamiento del niño hacia el adulto", "¿Dónde está el poder?". Columna periodística semanal: Psicoment@rio

 
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