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Autismo y psicosis en niños
Lic. Cecilia Collazo *

En algunos niños se observan diferentes manifestaciones -ya sea en el ámbito escolar o familiar- que llaman poderosamente la atención, tanto a sus padres como a los docentes o a quienes los conocen y se relacionan con ellos.

En las entrevistas de consulta psicológica, estas personas suelen comentar que es un niño raro o con rarezas y les resulta muy difícil definirlo en su comportamiento o características específicas.

Si bien, los únicos que están capacitados para realizar un diagnóstico son los profesionales -psicólogos, médicos psiquiatras o pediatras- existen algunos parámetros a tener en cuenta que permiten que los padres y las personas que rodean a estos niños, puedan detectar que tienen una dificultad y realizar una consulta profesional para obtener el diagnóstico apropiado y su posterior tratamiento.

Para evaluar a un niño, los psicólogos centran su observación en las acciones y comportamientos del mismo, en las áreas que se detallan a continuación: lenguaje, juego, relación con los objetos, relaciones sociales y, también, en la forma en que trata a su propio cuerpo.

Vale, entonces, detallar cada ítem que es observado para detectar dichas dificultades:

Lenguaje: presentan serias dificultades. Hablan de manera rudimentaria o en tercera persona, como si se refirieran a otro, cuando en realidad están hablando de ellos mismos. Copian los modos de expresión característicos de los dibujos animados, con las modalidades de traducción de esos dibujos, utilizando palabras que no pertenecen al léxico de uso cotidiano en su hogar y que pronuncian con acento diferente. En Argentina, por ejemplo, utilizan algunas palabras de uso común en centroamérica, pero que no se emplean habitualmente en su medio; entre ellas: mantequilla, en lugar de manteca; cacahuete, en lugar de maní; malvaviscos, para nombrar a las golosinas.

Otra particularidad que presentan estos niños, es la de hablar sin sujeto que comande la oración o sin agente que lleve a cabo la acción que se describe en esa oración. Se expresan de manera impersonal. Dicen, por ejemplo: “caramelos en el frasco”, para referirse a que él mismo o alguien más, puso o quiere sacar caramelos de un frasco.

Juego: Lo primero que hay que observar es si realmente juegan, es decir, si participan de alguna actividad de representación que sea simbólica. Esto es, un niño puede ser Superman (para él mismo) o puede jugar a ser Superman. En esta última posibilidad, existe “el como sí”, donde el niño representa a otro –en este caso, a un personaje de ficción- y que es característico del juego. No sucede así en la anterior descripción.
Pueden no usar los juguetes para jugar; pueden simplemente romper por romper, a veces, sin ninguna motivación. Esto ocurre cuando son muy pequeños y, ocasionalmente, en edades infantiles más avanzadas. Además, es difícil para ellos sostener las reglas propias de los juegos.

Relaciones Sociales: Las relaciones que establecen son también muy especiales, ya que tienen una gran dificultad para crear vínculos con los otros, pudiendo llegar a ignorar a las personas que les hablan o que los rodean. En algunos casos, no sostienen la mirada cuando se les habla, intentan golpear, agredir o quieren “atravesar” a la persona que se interpone en su camino, si quieren ir hacia un lugar para apropiarse de un objeto.

Los padres y los docentes se quejan, muchas veces, de la falta de límites o de respeto que muestran estos niños, por las reglas que se les dan. Pero, en realidad, sus conductas se vinculan más con un problema de subjetividad, que con una incapacidad para comprender la consigna enunciada por el adulto.

Su cuerpo: La forma en que tratan a su propio cuerpo es muy particular. Pueden presentar manierismos (comportamientos motores afectados, forzados o ritualizados) tales como aleteos (movimientos de las manos hacia arriba y hacia abajo) que son característicos. Ante determinados sentimientos -en situaciones de alegría, por ejemplo- suelen realizar movimientos repetitivos y estereotipados de los brazos y, a veces, de las piernas.

Ciertamente, no hay control de esfínteres, a una edad en la que se debería controlarlos orgánicamente. Muchos de ellos presentan una disgregación de su imagen corporal y cuando se les aparece su propia mano u otra parte del cuerpo en su campo visual, se sorprenden como si esa parte le perteneciera a otro niño. Recuerdo a una paciente pequeña de 4 años de edad, que al ver su mano cuando accionaba la llave para encender la luz, decía: “¡la mano de la nena!”, sin poder dar cuenta de quién era esa mano, de que se trataba de su propia mano. Es decir, no se representan el cuerpo como una unidad. La forma en que los niño tratan a su cuerpo, demuestra que no han podido formalizar la premisa de que tienen un sólo cuerpo ni de apropiarse de su pertenencia.

 

¿Qué profesionales pueden atender a un niño con autismo o psicosis en curso?

Los diagnósticos suelen ser muy variados, dado que no todos los niños presentan las mismas características en el lenguaje, en el juego, en las relaciones vinculares y llegar a un diagnóstico es un proceso de carácter complejo por lo que sólo puede realizarlo un profesional preparado para ello.

La mayor parte de las consultas que realizan los padres, cuando detectan comportamientos raros e inexplicables en sus hijos, se dirigen, en primera instancia, al pediatra del niño o a un especialista en neurología.

Dado que la atención clínica inadecuada puede aumentar los síntomas del paciente, debe tenerse en cuenta que lo indicado para los niños que presentan estas manifestaciones, es la consulta con profesionales del campo de la salud mental, que están capacitados para la atención específica de estas patologías.

El psicólogo o el psicoanalista, debidamente formados y respaldados por su experiencia clínica, están en condiciones de realizar el diagnóstico y el trabajo de acompañamiento y señalamiento en la constitución psíquica de un niño, que es donde se presenta el problema. Son estos profesionales quienes diagnosticarán, evaluarán, tratarán o indicarán la derivación a otros profesionales de la salud, adecuados a la presentación de ese niño en particular, según corresponda, entre ellos: terapista ocupacional, psicopedagoga, psicomotricista, fonoaudióloga.

El trabajo clínico con estos niños es de alta complejidad y sumamente específico. El tratamiento puede realizarse aplicando distintas teorías a la práctica clínica. Entre ellas figuran las de enfoque cognitivo-conductual, que se basan en el adoctrinamiento de las conductas del niño y que suelen ser efectivas por un tiempo, pero que no modifican lo esencial de su constitución psíquica.

 

¿Cómo se trabaja desde el psicoanálisis?

El psicoanálisis, que opera desde otro enfoque, considera a cada niño como un caso particular. Cabe aclarar que cada niño constituye los parámetros que mencionamos anteriormente -lenguaje, juego, relación con los objetos, con los otros y con su propio cuerpo- de manera muy particular y, por lo tanto, a cada uno hay que tratarlo -ya sea desde el discurso de los padres, de los docentes, de otros mayores, así como por parte de los terapeutas- en esa singularidad. En lo que tiene de especial que hace que sea: Gustavo o Elena o Matías y no cualquier otro niño.

En este sentido, el tratamiento que propicia el psicoanálisis se dirige al detalle de ese niño, que le es específico y que le pertenece sólo a él. Detalle que da cuente del sujeto en relación con los otros. Esta es la clave para modificar su acción para con él mismo y para con los demás. La búsqueda de ese detalle, que se realiza en un trabajo artesanal -caso por caso- a través de la escucha del analista y con el consentimiento del paciente, es lo que orienta la dirección del tratamiento desde el psicoanálisis.

Para realizar el diagnóstico:
se escucha el detalle personal de ese niño en particular, lo que repite y cómo lo hace; se obversa cómo se relaciona con los parámetros de lenguaje, juego, relaciones sociales, su cuerpo; se trata de precisar de qué padece y en qué se manifiesta ese padecimiento.

En la dirección del tratamiento:
se busca multiplicar la transferencia, es decir, el lazo que se establece entre el nño y los distintos profesionales que lo atienden y se tiende a lograr a un armado psíquico diferente al que se viene dando en el niño.

El trabajo del niño:
si consiente al tratamiento, es decir, si no presenta resistencia al mismo, logrará con la ayuda profesional, poner un límite a su sufrimiento al encontrar una forma de dar sostén a su estructura psíquica. Entonces, modificará su relación con los otros y con su cuerpo, posibilitando que exista la oportunidad de superar ampliamente sus dificultades actuales.

Esta es la apuesta que hace un analista en el autismo o en las psicosis en curso en un niño.

 


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